Entre los año 2015 y 2016, estube 6 meses en India, formando parte del proyecto KA, en el que investigamos sobre la pintura mural de manera colectiva.
Durante esa estancia, el viaje es fuerte de emociones y continué de manera paralela desarollando mi parte individual. Inicié el proyecto de piedras y el de flores, pinté mis propios murales pequeños y bastantes papeles (una pena no tener fotografías buenas de todos).














En Venarés, en los mismos gates del río Ganges, realicé esta intervención, en la que un pájaro de 2 cabezas vuela hacia arriba, escapando de dos serpientes enlazadas, mientras un meteorito cae.





En Gokarna, recibí un encargo. Me pidieron representar a Krishna y Rama, con el templo, el toro blanco y el pavo real. A través de diferentes estampitas de arte tradicional que me enseñaron, reconstruí este paisaje de un encuentro entre dioses, en la orilla de un camino, en plena naturaleza.


En aquella misma zona de Gokarna, se encontraba Paradise Beach. Un lugar con placton luminiscente, apartado de grandes núcleos urbanos, donde la gente solía quedarse de acampada algunas noches y eso hicimos. En este sitio encontré un muro artificial y puse en marcha la idea de paraísos portátiles que andaba rondándome la cabeza bastánte durante el viaje, junto a las piedras, los meteoritos, el sol y la luna simultáneos, la conexión del mundo entero, las burbujas…
Esta fué la intervención que realicé con lo poco que llevaba y de la que seguramente ya no quede nada por la acción del sol.




